Es un hecho conocido que, dentro de la interacción hombre-máquina, cuanto menos inseguridades genere la máquina en el humano, mejor uso de ésta se hará. Todo esto viene a cuento de que, cuando ves un manual de instrucciones en el que la mitad de las palabras están mal escritas, lo primero que se te pasa por la mente es ‘si así de mal han hecho el manual, habrá que ver cómo habrán hecho la máquina’. Ahora que levante la mano el que no se haya topado con una experiencia semejante.
Dentro de las auditorías de accesibilidad que realizo, una de las cosas en las que siempre ‘crujo’ es en la redacción y ortografía. Aunque pillado un poco por los pelos, me escudo en la pauta 14.1. Es que no cuesta nada cerciorarse si tienes dudas, caramba. Que no se está pidiendo un nivel de Premio Cervantes, sólo que esté bien escrito y que quede claro, para que la persona que lo use no diga ‘¡vaya chapuceros!’