Hasta siempre, profesor Jáuregui

Aunque falleció hace casi un año, me entero hoy del óbito del que fue el profesor más interesante de toda mi carrera.

Con él descubrí que la antropología, la psicología y la sociología tienen unos límites entre ellas muy difusos, y que se pueden aplicar a todas las situaciones de la vida. Su idea del “ordenador cerebral” me hizo ver que las máquinas que creamos los humanos no son muy distintas de nosotros mismos. Y si nos conocemos a nosotros mismos, podremos conocer la manera de diseñar mejores máquinas.

Originalidad no le faltaba a la hora de inventar conceptos, como “densitómetro emocional”, “robot emocional” o calificar la anorexia como “virus informático que afecta a la programación del cerebro”.

En clase sus lecciones no eran las clásicas de tomar apuntes como disciplinados escribas del siglo XX, sino que, a través de sus millones de anécdotas, nos introducía en tribalismos y sociedades totémicas. Si se estaba en desacuerdo con algo de lo que él decía, te invitaba a escribir un ensayo con tu postura, obligándote a razonar y buscar datos que apoyen tu punto de vista. Es decir, te obligaba a PENSAR.

Se reía de todo y de todos: de las fiestas de Pamplona, de la Iglesia, de los suizos clasistas, de los políticos y hasta de sí mismo. Con el final de su contrato como profesor para la universidad los alumnos montamos un buen pollo para que se quedara, pero no lo conseguimos. La última clase que dio estuvo abarrotada por gente que no éramos de ese curso y le despedimos con una gran ovación, sabiendo que la universidad pública iba a perder a uno de sus mejores profesores.

Hasta pronto, ‘mister Lloregai‘.