No hay lector sin silencio

Estamos ante una serie de cambios sociales, económicos y culturales que afectan a la educación en general y especialmente al aprendizaje de la lectura. El entorno técnico está modificando los mecanismos de formación de identidades y, especialmente, los itinerarios por los que tradicionalmente se constituían y manifestaban los deseos personales y colectivos. En efecto, leer es hoy algo muy distinto de lo que era hace sólo tres décadas.

Existe una conspiración contra el silencio. La sociedad está permanentemente produciendo ruido e informaciones sonoras. Hoy la memoria es una virtud que muestra la potencia de las tecnologías, su capacidad de almacenamiento crece exponencialmente y su presencia llena el tiempo con su tam-tam incesante. Todo es almacenable, grabable, repetible, distribuible y comunicable. Esa memora tecnológica puede instalarse socialmente como un “fármaco” que induce a la amnesia (…).

El libro es visto socialmente como algo “antiguo”. Las tendencias que la “objetiva voluntad tecnológica”, desprendida de la inteligencia moral (Nietzsche), pueden instaurar nuevas formas de analfabetismo cultural (más allá del analfabetismo de retorno o funcional). Los nuevos bárbaros ejercen una mirada pasiva, se envuelven en sonidos y se acomodan a los estilos narrativos apresurados, fragmentarios, pasajeros y banales y producen mercancías caducables.

Fabricio Caivano en “La educación lectora”. 2001